domingo, 20 de marzo de 2011

El instante que lo define todo

El 27 del mes pasado viajamos con mis esposo y dos amigos a cierto lugar. Salimos temprano y el viaje trancurría tranquilo entre charlas y mates. Hay una parte de la ruta que no es doble vía y por ella íbamos. Yo en la parte trasera atrás del conductor. De pronto advierto comentarios ¨¡ojo, que le pasa?; Se viene, hacéte para un lado, baja acá¨
Miro hacia adelante y veo un auto que se viene en dirección a nosotros por el mismo carril y no frena ni para ni se cambia.

Como una seda nuestro auto en una pista imaginaria creada por la mano del Gran Ser, se desliza hacia el campo, anda unos metros y frena.
Al mirar atrás dicen, el otro auto da dos o tres vueltas en el aire y se estrella.
Los hombres se bajan, y corren en auxilio de las demás personas.
Nosotros, ilesos, ellos con una persona tirada en la ruta. Se durmió el conductor.
Al final llega la caminera, la ambulancia y nosotros continuamos el camino hacia nuestro destino.
El shock emocional demora un rato, o un día pero al final ya en casa solos y en los brazos de mi esposo estallo en lágrimas que me ayudan a pasar la angustia.
Y reflexiono en el instante que define el hilo entre la vida y la muerte. Es un segundo amigos, un segundo que lo cambia todo. Un segundo que puede dejar a nuestros hijos huérfanos, a nuestras parejas solas a nuestros proyectos sin hacedor. Nuestra vida vale tanto y es tan frágil a la vez.
Por eso desde ese momento he cambiado un tanto la óptica de ver la vida. Pude en ese instante sentir la mano de los maestros del invisible que siempre cuidan a sus hijos y los depositan seguros en el otro lado.
Pero ahora, no le llevo tanto la contra a la vida, si hay qur ir voy si hay que quedarse me quedo. Si hay que disfrutar un instante sin hacer absolutamente nada más que mirar en los ojos de otro, lo hago. Si en el día veo la sonrisa de mi hija la comparto, la tomo entre mis brazos y le agradezco a Dios, a mi Dios que yo esté ahi con ella. Y que aquel instante que lo define todo aquél día haya fallado a mi favor.
Qué más? solo una cosa: Agradecer también a alguien, a quien en aquel instante supo no perder la calma y salvó la vida de por lo menos cuatro personas: mi esposo.

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